sábado, 6 de octubre de 2012

Alcanzando la espiritualidad


La existencia de un lugar espiritual no está relacionada con ningún espacio actual. Todos los que alcanzan este estado después de corregir sus cualidades espirituales pueden ver y percibir las mismas cosas.

La escalera del Creador abarca 125 niveles. Estos se dividen de manera uniforme entre cinco mundos espirituales, los cuales son: El Mundo de Adam Kadmón, El Mundo de Atzilut, El Mundo de Beriá, El Mundo de Yetzirá, El Mundo de Assiyá.

Cada nivel provee una percepción diferente del Creador dependiendo de las propiedades de cada nivel en particular. Por consiguiente, quienes han adquirido las propiedades de un nivel específico, ven la Cabalá y el Creador de una manera completamente nueva. Todo el que logra un nivel particular del mundo espiritual recibe la misma percepción que todas las demás personas en el mismo nivel.

Cuando los cabalistas dijeron: «Así dijo Abraham a Isaac», significa que ellos se encontraban en el mismo nivel que Abraham. Así, entendieron cómo Abraham respondió a Isaac, ya que en su estado espiritual eran como Abraham.

En el transcurso de su vida, el cabalista rabí Yehuda Ashlag alcanzó todos los 125 niveles. Desde este lugar exaltado, él dictó la Cabalá, la cual somos capaces de disfrutar en esta generación. Desde este nivel escribió su comentario sobre el Zohar, la obra maestra de la Cabalá.

Cada uno de los 125 niveles existe objetivamente. Todos aquellos que perciben cada uno de ellos ven las mismas cosas, tal como todos los que habitan nuestro mundo ven los mismos alrededores si están en el mismo lugar.

Tan pronto logremos el más pequeño deseo altruista, podemos embarcarnos en un sendero de ascensos y descensos espirituales. En un momento, estamos dispuestos a anularnos completamente ante el Creador, pero al momento siguiente ni nos pasa por la mente. De repente, la idea de una elevación espiritual se convierte en absolutamente ajena a nosotros y es extraída de nuestras mentes.

Esto es semejante a la manera en la que una madre le enseña a su hijo a caminar. Lo lleva de la mano para que sienta su apoyo y, luego, se retira de forma súbita, dejándolo ir. Cuando el niño se siente totalmente abandonado y carente de todo apoyo, se ve obligado a dar un paso hacia la madre. Solamente de esta manera puede aprender a caminar de manera independiente.

Por consiguiente, aunque nos pueda parecer que el Creador nos abandona súbitamente, en realidad, Él está esperando que tomemos la iniciativa.

Se dice que el Mundo Superior se encuentra en un estado de reposo absoluto. La palabra «reposo» en el mundo espiritual, implica que no hay cambios en el deseo. El deseo de conferir el bien nunca cambia. Todos los actos y movimientos, tanto en nuestro mundo emocional interno (egoísta), como en el mundo espiritual (altruista), tienen que ver con el reemplazo de un deseo anterior por uno nuevo.

Si tal cambio no ocurriera, entonces nada nuevo habrá sucedido y no se producirá ningún avance. Esto se aplica aun si el deseo original persistente es vívido y muy intenso, sin proveer paz al individuo. Pero si el deseo es invariable y consistente, entonces no hay ningún movimiento. En ese sentido, cuando se dice que la Luz Superior está en un estado de reposo absoluto, significa que la voluntad del Creador de beneficiarnos es firme y constante.

Nos encontramos en el Mar de la Luz, pero ese punto en nosotros al que llamamos nuestro «Yo» está cubierto por un caparazón de egoísmo. En este estado, somos incapaces de disfrutar la Luz y simplemente permanecemos a flote.


("Alcanzando los mundos superiores", Rav Dr. Michael Laitman)

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